Santiago Manuin por siempre

Elio Martuccelli: "siempre he querido ser un detonante para mis alumnos".

Opiniones de un arquitecto, artista y docente con amplia experiencia, sobre la enseñanza de la arquitectura en el Perú. 

Publicado: 2015-09-07
Desde hace un tiempo quiero hacer una serie de entrevistas y columnas de opinión sobre metodologías y enseñanza de la arquitectura, pues en un futuro me gustaría poder explorar el campo de la docencia. Se me ocurrió iniciar con Elio Martuccelli, primero por su experiencia ejerciendo las diversas ramas de la arquitectura, desde la escenografía hasta las instalaciones artísticas, pasando por la pintura, la docencia y su trabajo como editor de ARQUITEXTOS en la URP. Segundo, porque no he tenido la oportunidad de conocerlo antes durante mi carrera y vi que esta era la ocasión perfecta. Entonces aquí la conversación.

Mi primera redacción en Maquetas Aparte fue una columna sobre la participación del arquitecto en la sociedad y su rol como ciudadano. Fue una opinión alentadora donde expresé que debemos estar presentes desde la universidad, observando y criticando la gestión y las decisiones que se toman en la ciudad, salir a protestar y estar metidos en esa situación, lo que nunca debería acabar. Me causó mucha satisfacción y me sentí acompañado cuando te vi junto a Wiley Ludeña en la manifestación organizada por la UDEAL, pues es muy positivo que los arquitectos docentes con experiencia apoyen las movilizaciones estudiantiles. Hoy me centraré en la enseñanza de la arquitectura en el Perú y me gustaría saber lo que piensas. ¿Hay un desequilibrio entre las facultades de universidades privadas y nacionales, entre las nuevas y las de trayectoria?
Déjame decir primero que lo que ocurrió esa noche fue mágico. Era emocionante ver a tantos estudiantes de arquitectura y a algunos arquitectos dando su opinión en el espacio público, haciéndose presente en la ciudad ¡caramba!, fue emocionante. Una noche importante para todos. Sobre tu pregunta, sí, es muy amplia y no la puedo responder totalmente. Son tantas facultades de arquitectura en Lima y tantas otras en el Perú, que no estoy informado de lo que ocurre en cada una de ellas. De hecho los niveles de calidad, con lo difícil que es medirlos, pueden ser muy distintos en todas estas facultades. Me refiero a la producción intelectual que se pueda dar dentro de cada una de ellas, para no hablar de la infraestructura y de los equipos que cada una tenga. De hecho algunas con bastante más recursos económicos que otras. Pienso también que los buenos alumnos estaban concentrados en algunas pocas facultades hace veinte o treinta años, más o menos supones a cuales me refiero y, para bien o para mal, esos buenos alumnos ahora están, siempre lo repito, diseminados en todas las facultades de Lima y del Perú. Entonces, que haya una facultad de arquitectura ahora en el Perú que siga creyendo ser la mejor del país, no está en lo cierto: las opciones son tan diversas que el alumnado está disperso. Buenos y malos alumnos, buenos y malos profesores creo que hay en todas [risas]. Eso está garantizado, eso se ha democratizado. Algunos egresados de algunas facultades siguen teniendo mayor panorama en la vida profesional, sí, pero eso también va a ir cambiando pronto. O sea, si hace sesenta o cincuenta años todos los arquitectos peruanos habían salido de una sola universidad, estoy hablando de la UNI, coparon todas las posibilidades laborales en este país y lo hicieron durante décadas. Luego vino una etapa de cierto éxito de la URP, que ya se está acabando (si es que no acabó) y ahora vienen muchas otras facultades a competir todas contra todas. Luego, hablar de lo que está ocurriendo en cada una, no me atrevo. ¿Cuál es la formación del nuevo arquitecto peruano del siglo XXI? De hecho se habla menos de compromiso social, que era de lo que se hablaba décadas atrás. Sospecho que varias facultades de Lima y el Perú están apostando más por un perfil empresarial del arquitecto, de mayor éxito económico. Son los tiempos del liberalismo y el capitalismo. En todo caso, lo que sí me alegra, aparte del compromiso social, y más allá del éxito económico, es que creo que se está planteando ahora, con la generación de ustedes, el tema de la participación ciudadana y del arquitecto como ciudadano, que trata de opinar e intervenir en las decisiones que se dan en las ciudades del Perú.
En muchos casos, esto está siendo más una iniciativa de los estudiantes que de los profesores. Yo creo que una de las facultades de arquitectura que está abriéndose hacia estos temas es la de la PUCP. Con cursos de arquitectura participativa intentan explorar en vivienda de emergencia, etc. Es lo que yo he podido ver.
Puedes tener razón. Yo también he tenido la percepción que de pronto en la facultad de arquitectura de la PUCP hay una mayor sensibilidad por esos temas. Yo no enseño allí. De todas maneras, ese tema está siendo planteado más que por las instituciones, ponemos como ejemplo aislado la facultad de la PUCP, está siendo promovido por grupos de estudiantes de arquitectura, lo que me parece fantástico. Que los alumnos se organicen en "grupetes" [risas] y que planteen preocupaciones sobre la ciudad, eso está muy bien. A ver cómo se articula, cómo se vuelve un plan orgánico, cómo se lleva a la realidad. Eso hay que verlo y el tiempo lo ordena todo. Si a ti te pregunto: ¿cómo se ha despertado esa inquietud en los alumnos? ¿qué dirías?
En mi experiencia personal, no tuve mucha sensibilización social en la universidad, es decir, lo que significa la arquitectura en la sociedad. Inclusive, me topé con arquitectos que piensan que trabajamos solamente para un sector social que puede pagar por arquitectura y luego pude comprobar que era así. Cuando empecé a sentir que diseñando cumplía caprichos y no necesidades, decidí probar otro camino y hacer otras investigaciones y proyectos. Y por ahí va la siguiente pregunta: ¿Tú crees que la enseñanza de la arquitectura en el Perú, está dirigida a prepararnos para satisfacer las necesidades del sector social con mayor poder adquisitivo y también a hacer arquitectura de espectáculo?

Sí, hay una arquitectura muy ligada al espectáculo, que es la que se suele diseñar en las facultades de arquitectura. El mundo, la sociedad contemporánea, citando conceptos de la filosofía y la sociología, es una sociedad del espectáculo. Lo extraño para nosotros es que los edificios, hasta hace no mucho tiempo, eran edificios [risas]. Ahora los edificios no sé qué son, son videoclips, conciertos de rock and roll, avisos publicitarios y entraron a formar parte de esta sociedad del espectáculo que necesita cada vez más estímulos para no aburrirse. Y una porción de la arquitectura, la de los concursos, las estrellas y los millones, si forma parte de esa espectacularidad, de la extravagancia y la ostentación. Es extraño que en facultades de arquitectura en el Perú, en un medio con tantas limitaciones, sigamos jugando a objetos tridimensionales muy difíciles de construir. Como profesor quiero entender que se trata de ejercicios y experimentos. Sí, pero creo que se nos está pasando un poco la mano y los talleres de diseño, en general, deberían moderar un poquito sus propuestas. Sólo lo entiendo en términos de experimentación y lo entiendo también porque inevitablemente formamos parte de esta sociedad del siglo XXI, la sociedad de la globalización y de las redes virtuales.

Me quedaba pensando en el otro tema: mi buen amigo Adolfo Córdova - y me da mucho orgullo sentir que se ha vuelto un amigo - me contaba que mientras ellos (Agrupación Espacio) comenzaron a tener ciertas "inquietudes juveniles y sociales", se sentían extraños cuando sus profesores planteaban los temas de diseño en el taller: todas eran residencias y panteones. Residencias para que los ricos vivan y panteones para que los ricos mueran [risas]. Y todo era enorme y grandioso. Entonces, podemos criticarle mil cosas al movimiento moderno en el mundo y en el Perú, pero ese movimiento moderno a inicios y a mediados del siglo XX, en nuestro caso, planteó nuevas preocupaciones como gremio, nuevos retos que deberían preocuparnos a los arquitectos. Entonces, desde el siglo pasado, felizmente, los arquitectos hemos intentado cada cierto tiempo acercarnos a la realidad y a la sociedad en su conjunto, no sólo a un sector de ella. Sueño con que podamos seguir ese camino y podamos tener mayor presencia como arquitectos en toda la sociedad. Yo he enseñado cursos básicos de composición en primer ciclo, he enseñado historia y teoría en muchos niveles de la carrera y en muchas facultades de Lima y algunas del Perú. Yo trato de hablar de todos estos temas en mis clases. Sospecho que otros arquitectos están también en el mismo camino.

Esperaremos a que esta generación pase a la docencia y se introduzca directamente en la enseñanza de la arquitectura en las universidades.
Ya hay arquitectos, cada vez más jóvenes, en esta gran cantidad de facultades que hay ahora, dedicados a la docencia. Esperemos que esa inquietud social y política se desarrolle.
Respecto al tema de las metodologías de enseñanza, y me estoy centrando en taller que es el curso principal donde uno se introduce al ejercicio de proyectar arquitectura, en estas metodologías, ¿tú crees que debe o deberían existir tendencias estilísticas inducidas a los alumnos? Porque yo he visto que hay ciertos talleres que tienen una determinada manera de proyectar.
¿Y tu cómo te has sentido? 
Yo he tenido la experiencia de llevar un taller así y me sentí frustrado, pues no pude tener éxito sino hasta que hice exactamente lo que me decían y sé de muchos talleres de otras facultades, supuestamente importantes, en las que sucede lo mismo y que los productos son bien parecidos.  
Sí. Cuando ves una exposición de determinado taller ves una producción similar. Son los dilemas que yo tenía cuando enseñaba taller. Primero habría que reconocer la importancia de otros cursos frente al diseño y la influencia que los otros cursos puedan tener en él. Sino, pareciera que el proyecto arquitectónico es lo único que nos importa en la vida, cuando hay otros aspectos más que se deberían considerar. Acabo de hablar como profesor de teoría y de historia, que muchas veces están relegadas y olvidadas. Hablo por mi experiencia: yo siempre he querido ser un detonante para mis alumnos y un profesor debe tratar de ser eso, alguien motivador y guía que te va acompañando en el proceso, pero que no va a hacer el proyecto por ti, no va a trazar todo el camino. Te va a motivar para que empieces (a eso me refiero cuando digo "detonante") y luego te va a acompañar en el proceso en el que tú vas a ir descubriendo cosas. Por supuesto, nunca he tratado que mis alumnos diseñen de tal o cual manera y sí me parece un gran problema cada vez que veo maquetas de taller que se parecen demasiado. Sobre todo en un mundo de tanta diversidad. ¿Cómo rescatar el pasado de cada ser humano? Los alumnos llegan con 16, 17, 18, 19 años a la facultad. Primer ciclo: tú vienes con ciertos gustos que los has "mamado" en tu casa y en tu barrio y pareciera que los talleres iniciales, en nivel 1, tratan de borrarte el “cassette”, para que entres dentro de lo que es el ámbito de la arquitectura. Eso es loco. Yo he enseñado nivel 1 y he tratado, he hecho mi mejor esfuerzo, por rescatar lo que cada alumno traía consigo. Ya no enseño diseño hace varios años y, para bien o para mal, la vida me ha llevado a ser un profesor de teoría y de historia. No me quejo. Eso también está bien, pero no deja de preocuparme lo que ha pasa en los talleres de diseño, antes y ahora.
Estando en un país con mucha riqueza histórica y cultural, ¿tú crees que esto se refleja en la enseñanza de la arquitectura? Por ejemplo, en Brasil los arquitectos tienen referencias: Oscar Niemeyer, Lucio Costa, arquitectos modernos que iniciaron la arquitectura brasilera que era una suerte de modernidad más adaptada al clima de ese país. Acá en el Perú, teniendo nosotros los referentes históricos precolombinos, que Brasil no tiene, ¿qué opinas respecto a eso? ¿se está tomando o se ha tomado alguna vez como referente nuestra cultura e historia en el sentido estético y formal?
Yo sueño con eso, que sí puede darse. Qué interesante que pongas de ejemplo a Brasil y que, como parte de su identidad, menciones el movimiento moderno brasilero, estás mencionando como parte de su tradición algo que ha ocurrido hace apenas sesenta, setenta años: mira qué importante fue. Es increíble el talento que pudo tener un arquitecto como Niemeyer, para construir una arquitectura que ha terminado volviéndose casi parte de la identidad brasilera. Eso te demuestra cómo el movimiento moderno, que era internacional, podía aterrizar y encontrar ejemplos tan particulares como es la arquitectura moderna brasilera, tropical y exuberante: concreto armado que baila samba. Es fantástico. En el Perú, repito esto con cierta frecuencia en mis clases, a diferencia de Brasil, que tiene a Niemeyer, y a diferencia de México, que tiene a Luis Barragán, que logra una identidad arquitectónica saliéndose del movimiento moderno, aquí en el Perú no tenemos una figura de ese nivel tan significativa y representativa. No existe. Por lo general si tú conversas con una persona en el Perú, poco sabe de arquitectura y poco sabe de arquitectos. De todas maneras, si tengo que mencionar a alguien en la historia del siglo XX que ha tratado de hacer algo propio con influencias extranjeras, quiero decir que, siendo parte de nuestra modernidad tiene al mismo tiempo una carga particular muy fuerte, ese arquitecto es Enrique Seoane. Y él, respondiendo a tu pregunta, dentro de su primera etapa neocolonial, neoperuana e historicista, que fue muy interesante y dentro de su etapa en el movimiento moderno, nunca se olvidó de tejer referencias decisivas con nuestro pasado prehispánico o virreinal. Bueno, ahí tenemos una pista interesante. A propósito menciono a Enrique Seoane para no mencionar arquitectos vivos, contemporáneos, que también están haciendo sus mejores esfuerzos en ese sentido. Supones a quienes me refiero.
¿A quién?
Lucho Longhi, si quieres que te de un nombre y apellido. Y también hay otros. Vuelvo a hablar como profesor de historia: yo sí creo que el pasado puede servirnos en nuestro trabajo presente y que la historia es una muy buena fuente de inspiración para lo que podamos hacer hoy. No hay que olvidar, lo digo porque mencionaste a Brasil y a Niemeyer, que uno de los símbolos de identidad más fuertes de nuestro país y que nos representa en el mundo (claro está, ahora también con el ceviche, los anticuchos y la papa rellena), es un proyecto arquitectónico y se llama Machu Picchu. Nunca hay que olvidar que parte de nuestra identidad como país ha estado en nuestra arquitectura prehispánica, inca y pre-inca, pre-moderna, fantástica y de primer nivel. Una arquitectura que manejó los criterios del territorio de manera maestra: arquitectura topográfica que araña el suelo y mira al cielo. ¿Y de eso no podemos aprender? Claro que sí. Quiero tener esperanzas, como alguien dijo, soy un pesimista que quiere que las cosas salgan bien [risas]. Es decir, soy crítico con muchas cosas que están mal en nuestra ciudad y nuestro país, pero al mismo tiempo conservo ciertas esperanzas para que las cosas mejoren en nuestras facultades y para que nuestra disciplina, nuestra profesión, alcance mayor proyección en la sociedad.
¿Entonces el arquitecto peruano, por lo menos en la costa, debería mirar más hacia el interior del país?
Esa es, Mauricio, una deuda histórica. Sí, por supuesto. Y el resto del Perú debería dejar de mirar a Lima y de copiar los errores que hemos cometido los limeños con Lima. Lo más absurdo que le puede pasar al Perú es querer parecerse a Lima. Ya lo dije.
Para acabar, ya que estamos hablando de la enseñanza de la arquitectura, ¿cómo te imaginas a los futuros estudiantes de arquitectura? ¿cómo te imaginas a las facultades de arquitectura?
¿Cómo me lo quiero imaginar? Uno como profesor sueña con alumnos no excepcionalmente talentosos, uno sueña con alumnos interesados y apasionados. Por favor, eso sí, si vamos a estar en una facultad de arquitectura y queremos ser arquitectos hay que estar enamorados de esto, convencidos y decididos: vas a ser arquitecto y vas a vivir como arquitecto. Hay que entender claramente que ser arquitecto es una forma de vida. Y luego, espero que estas inquietudes sociales y políticas que parecían dormidas terminen de despertar y desarrollarse. Quiero alumnos, egresados y jóvenes arquitectos cada vez más comprometidos con la ciudad y la sociedad.

Escrito por

Mauricio Gilbonio

28 años. Ciudadano y arquitecto limeño. Feliz latinoamericano.


Publicado en

Maquetas Aparte

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